sábado, 21 de febrero de 2015

Indignati: un óptimo paleto.

Hace un par de años me topé con dos artículos, que podría calificar de fundamentalistas, cuyos autores alardeaban de conservadurismo. Presumiblemente eran de procedencia estadounidense, del país de la democracia, la libertad y las oportunidades, donde la variedad étnica, religiosa y cultual fabrica algunos discursos igualmente variados y sorprendentes que, a mi parecer, se hunden en el fundamentalismo religioso. Más raro me parece, sin embargo, encontrar algo semejante en ciertas filas españolas de la actualidad, de esta España de hoy, confusa, rara, agitada y burbujeante, sobre la que una no sabe si va a explotar algo o todo se va a quedar como siempre, aunque ambas cosas, sin lugar a dudas, son un ir hacia todas partes.
He leído un artículo en el blog de un indignati sobre el tema del machismo vs feminismo, que me ha dejado pasmada, aún más, muy decepcionada. Lo curioso de todo esto es que he encontrado una semejanza muy grande entre aquellos artículos y éste... Digo esto, por el turbio modo en que se remueven los argumentos de ambos.

Veréis. Cuando nos encontramos naturalezas más pequeñas, para entablar diálogo no queda otra que descender a la ciénaga, y desde ella voy a intentar dar mi opinión. ¡Qué otro remedio me queda!

Indignati parece que no entiende el uso del término igualdad aplicado al trato hacia las mujeres. Pero se lo voy a explicar. Igualdad hace referencia a oportunidades, a trato, a salario, educación, etc, en general a tener acceso a todas las cosas en las mismas condiciones que merece todo ser humano. Es sencillo de entender, ¿verdad? Pues Indignati sólo se refiere a igualdad física entre hombres y mujeres, cosa harto imposible biológicamente y, por otra parte, irrelevante; porque la igualdad física tampoco existe entre miembros del mismo sexo. De ahí, una cosa tan sencilla de entender como que en el boxeo -y quizá otro tipo de deportes o disciplinas- existan categorías: peso pluma, peso pesado, etc. para el mismo sexo.
En fin, creo que no hace falta meterse en más dibujos.

Otro punto que menciona Indignati con muchísima sorpresa es la existencia de los tribunales especializados en la violencia contra las mujeres. Debo confesar que a partir de la lectura de este párrafo empecé a poner en duda la cordura de este individuo, que se pregunta: ¿a qué viene acotar? ¿Que exista un tribunal específico para proteger a la infancia es una acotación innecesaria? O que haya artículos en nuestra Constitución que hagan mención expresa a que no se hará discriminación por raza o por religión, ¿es una acotación innecesaria? Señor Indignati, vivimos en España, donde predomina la raza blanca, y la religión católica, y hay niños ¿me está usted diciendo que hay que suprimir esas leyes que “acotan” derechos concretos que merecen ser tenidos en cuenta, por poca representación numérica que tengan esos grupos en nuestra sociedad? Pienso que tanto las mujeres -lo mismo que los niños y otras razas- tienen representatividad y derechos concretos y específicos a sus naturalezas. Los tienen los animales y los muertos.
En mi opinión, a Indignati le aprietan dos cosas: la necesidad de huir y el sentimiento de amenaza. Lo que se puede resumir en un despecho muy profundo, llámese madre o novia, o ambas cosas juntas.

Por otro lado, no pude más que reír ante la escena que dibujó: una mujer de dos metros moliendo a escobazos a su marido de metro sesenta y cinco. No afirmo que sea imposible, pero tengo serias dificultades para introducir esta escena en un universo conocido. Parece que Indignati no ha oído hablar del dimorfismo sexual ni de qué modo se manifiesta. Amigo Indignati, se te ve el plumero: cuando una acción -como la violencia de género, maltrato infantil- se da con una cierta frecuencia hay que crear medidas y programas específicos para poder combatirlos de forma individualizada, y para que se actúe con la mayor celeridad. Lo mismo que en los casos de racismo, xenofobia, transfobia, homofobia, discriminación religiosa, etc., por poco presentes que estén estas acciones en nuestra sociedad española. Si hay una posibilidad de que algo de esto ocurra hay que combatirla inmediatamente y sin “peros” que valgan. Aquel que afirma que está en contra de la violencia de género, o contra cualquier otro grupo social que sea vulnerable, por el motivo que fuere, y después aduce un “pero” echa por tierra su afirmación primera: si está en contra no hay peros que valgan. Háztelo mirar, Indignati: necesitas tratamiento.

Indignati, en su discurso se dice a sí mismo: “es que piensa en esas mujeres a quienes pegan en casa, y no se atreven a denunciarlo por miedo, y...”.
Voy a rizar el rizo de la misma forma como él lo hace. Esos puntos suspensivos son muy sugerentes, insultantes quizá. Pondré un ejemplo, aunque un tanto extremo, ilustrativo: los judíos quedaron paralizados frente a los nazis, atenazados por el miedo; no pudieron reaccionar (excepto los del gueto de Varsovia que, como todo el mundo sabe, luego fueron masacrados) por la sencilla razón del desequilibrio de fuerzas. Soldados armados hasta los dientes frente a civiles indefensos (ancianos, hombres, mujeres, niños...). Y existe un grupo conocido como Revisionista, que pone puntos suspensivos a la actitud de los judíos de los cuarentas e, incluso, niega el holocausto porque no se defendieron y le parece imposible que esto último pudiese ocurrir. Este es el dibujo que me vino a la cabeza cuando leí la frase de Indignati que he puesto ahí arriba: Revisionismo.
Cuando un hombre golpea a una mujer -muchas veces con resultado de muerte- el cuadro ante el que nos encontramos es el de un desequilibrio de fuerzas: un hombre puede medirse por la fuerza con otro hombre; una mujer puede hacerlo frente a otra mujer; niños de la misma edad y tamaño pueden hacerlo entre ellos; pero raras veces una mujer puede devolver los golpes a un hombre con la misma magnitud, lo mismo que un niño no puede devolvérselo a un adulto que le agreda físicamente.
Repito, no hace falta meterse en más dibujos.

Indignati se corona de gloria al afirmar que cuando las mujeres consigamos la igualdad absoluta, “nos arrepentiremos porque se nos acabará el chollo de entrar gratis en las discotecas”. Lo que él propone con esta afirmación es una forma de prostitución indeseada, porque convierte a las mujeres en un reclamo sexual normalizado y banaliza el acoso sexual al promocionarlo.
Ante semejante afirmación, sólo se me ocurre una cosa: Indignati ha llegado a su óptimo paleto.
Vuelvo a repetir: no hace falta meterse en más dibujos.

Cuando haya igualdad absoluta para todo el mundo independientemente de su sexo, raza, tamaño, religión, inclinación sexual e identidad de género, Indignati, no harán falta tribunales y leyes específicos que “acoten” delitos que ya no existen.

Como he dicho ahí arriba, aunque no sepamos hacia dónde vamos, queramos o no, vamos hacia todas partes. La sociedad evoluciona y el feminismo con ella, aunque moleste a unos cuantos. Comprendo que algunos se sienten muy cómodos con las costumbres, para eso están las tradiciones, para que uno se conforme con la vida que tiene. Pero es algo que no se puede imponer; el que quiera quedarse atrás que lo haga libremente y que no intente detener a los demás. Y si te quedas sólo, es tu problema. Parece que todo lo que constituye un avance o un progreso social recibe críticas porque atenta contra la costumbre, contra una especie de sentido común retrógrado que se siente cómodo con el statu quo y piensa que no hay que gastar energías en modificar algo que piensan que funciona. Seamos serios: hay que ser coherente; no se puede ser tan inmoral.

Por otro lado existe una clase de personas que cree para que haya diálogo, argumentar es criticar o llevar la contraria; ellos saben lo que quieren decir, pero nunca dan un argumento bien elaborado y siempre acaban con un “yo me entiendo” o un "no me entiendes". Al menos, Indignati, en tu artículo podrías haberte esforzado aplicando arabescos verbales. Pero ni eso: la vulgaridad y la grosería han campado a tus anchas, muy propio del ejercicio de una voluntad débil en la que la ética se degrada sin remedio.
En tu artículo, Indignati expones todas tus debilidades: parece el escupitajo de un resentido. Pero tienes que hacerte responsable de tus palabras, porque lo eres. No vale decir dentro de unos años “es que era muy joven”. Porque nuestras palabras educan, queramos o no; y si son necias, como las tuyas, te rodearán los necios en los que germinen, ellos serán tu espejo.
La tuya no parece una declaración de principios sino de frustraciones. Y ante ello pienso que la tiranía de los tontos es como una enfermedad que acecha generación tras generación, contra la que la única vacuna posible es la inteligencia. Lástima, esa vacuna no existe. Y las leyes que estos tiranos pretenden prender en las conciencias intentan amoldar la voluntad de los demás hasta el punto de tolerar el sacrificio de otros con tal de justificar sus estúpidas ideas.

Ante artículos como el de Indignati, una piensa que de pronto el juicio les ha abandonado y no tienen otra escapatoria que vomitar toda la acritud que les provoca su resentimiento: un error psicológico colosal.

7 comentarios:

Gabriel dijo...

Hola, Ockham. Es cierto que el tono de mi entrada es algo agresivo, y que eso ha podido hacer que lo que pretendía transmitir no se entienda con claridad. Voy a intentar aclarar ciertos puntos. En primer lugar, hay personas más fuertes que otras. Dadas dos personas de diferente fuerza que se encuentran por una calle vacía, de noche, aquella con más fuerza (ya sea física o debido a un arma) puede hacer lo que quiera con la otra persona. Puede robarla, puede violarla, puede pegarla. Es lógico que dado ese desequilibrio, la ley intente proteger al débil. Todos estamos de acuerdo con eso. Lo que me parece mal es que se identifique la mujer con el débil. Ya hay agravantes relativos al uso de armas o al abuso de superioridad física: dependen de la diferencia entre agresor y agredido, no del sexo de unos y otros (podrían aumentar las penas que suponen esos agravantes, por ejemplo). Por lo tanto, estoy en contra de la expresión "violencia de género". Prefiero "violencia doméstica", me parecería muy bien que existieran juzgados de violencia doméstica. Lo que no se puede hacer, es proteger más la integridad física de una persona porque sea mujer y no porque sea débil. Automatizar esa relación me parece desproteger a mucha gente, me parece contrario a la igualdad, y me parece una generalización innecesaria. El privilegio nos ciega, Ockham, y de la misma manera que yo no alcanzo a entender de qué formas la mujer se encuentra desamparada o expuesta en la sociedad más allá del tema de superioridad física, probablemente muchas mujeres no alcancen a ver (o, al menos, a admitir) las innumerables ventajas que supone ser una mujer en un país civilizado hoy en día.

La Navaja de Ockham dijo...

Evidentemente sigues sin entender cuál es el problema, tú mismo lo reconoces. Esto no es una cuestión de opinión: hay pequeñas empresas que no contratan a mujeres porque se pueden quedar embarazadas; la brecha salarial en TODO el mundo todavía persiste, incluso en los países más desarrollados como Estados Unidos o Gran Bretaña. Hay más ejemplos, pero no tengo tiempo para extenderme. No obstante me quedaron dos ideas en el tintero que voy a incorporar al post, y una de ellas responde a una de las cuestiones que planteabas en el tuyo.

Por otro lado, el mundo mundial planetario en el que vivimos todavía está muy lejos de considerar a las mujeres como seres humanos, ya no digo con derechos ciudadanos igualitarios, sino con respecto a la dignidad que todo ser humano merece. Ahí tienes todos los ejemplos de los países árabes, la India, China, Japón, etc., y países de Latino América.

Parece conveniente, del mismo modo que se exportan las ideas de democracia a esos países (intercambios comerciales y las condiciones que se les imponen), que se haga con las ideas igualitarias respecto al feminismo, la homosexualidad, los derechos de la infancia, etc.

La diferencia que propones entre violencia doméstica y violencia de género, me parece tan irrelevante como la rabieta que se pilló Rajoy cuando la cuestión del matrimonio homosexual; lo de que se llame de una manera o de otra es buscarle tres pies al gato; el problema existe; y pararse en minucias como ésa traslada la atención del problema a intereses particulares concretos. La pérdida de hegemonía del hombre es un hecho y es un deber que nos merecemos las mujeres y todos los colectivos infravalorados a lo largo de la historia -problema que llega hasta la actualidad-; ¿tanto duele hacer ese esfuerzo? ¿Es tan horrible? ¿Acaso implica un sacrificio o una pérdida enorme? No se trata de reivindicar una posición privilegiada en la sociedad, ni quedar por encima del hombre, sino que ambos sexos sean igualmente visibles y sus potencialidades aprovechadas socialmente a través de la igualdad de oportunidades. Así de sencillo. Por eso insisto: el que intente verlo de otra forma, buscando laberintos indescifrables y aduciendo excusas nimias, insisto, tiene un problema. La pérdida de hegemonía no quiere decir que vaya a quedar en una situación inferior, sino que el ascenso de la otra parte coloca a ambos sexos en situación de igualdad absoluta.

Además, la violencia doméstica es una tipo de violencia de género, la que se produce dentro de seno del hogar. La violencia de género abarca muchas otras situaciones que son muy frecuentes, la mayor parte de las veces se producen contra las mujeres y no se dan dentro del hogar: parejas separadas o divorciadas, la violencia entre una prostituta y su chulo o su clientes, todo tipo de agresiones sexuales, etc. Ten en cuenta que hablamos de una situación que estuvo tolerada durante mucho tiempo y en el cine se daba un reflejo de ello (en los Western, cine de los cincuentas y sesentas); e igual que ahora hay mucha gente a la que le cuesta renunciar a tradiciones sociales y políticas, todavía hay gente a la que le cuesta renunciar a esta otra situación con respecto al género femenino. Toda la vida ha habido conservadores que resisten a los cambios aún de las formas más sutiles y zafias.

Pese a ser pesada, vuelvo a insistir: los matices irrelevantes, pienso, sólo intentan desviar la atención de cosas importantísimas, para recluirla en bla, bla, bla, bla, y sacarlas de su punto central. Lo vemos a diario en política.

La Navaja de Ockham dijo...

Conviene puntualizar que la violencia doméstica no siempre implica violencia de género; se puede dar entre padres e hijos en ambos sentidos, entre parejas del mismo sexo, y obviamente, entre mujeres y hombres en ambos sentidos, siendo la mayoría aplastante contra las mujeres.

Gabriel dijo...

He repetido en varias ocasiones que estoy en contra de la discriminación, del tipo que sea. El contexto histórico y la situación de la mujer en países en vías de desarrollo o del tercer mundo, son interesantes y darían para otro debate, pero no tiene sentido enarbolarlos como estandartes cuando en el texto yo me refiero exclusivamente a la situación de la mujer en los países desarrollados. En ellos, las desigualdades salariales están prohibidas cuando se deben a motivos discriminatorios (y si en alguno no lo está, obviamente debería estarlo). Como ya he dicho, está igual de mal pagar a una mujer menos por el hecho de ser mujer, que por el hecho de que sea musulmana u homosexual. Son casos de discriminación y no son aceptables.

Respecto a lo del debate nominalístico, no me parece una cuestión banal, puesto que identifica el problema y lo que hay que proteger. Es la diferencia entre proteger a las mujeres y niños, y proteger a los débiles. No es lo mismo: si el objetivo es, como afirmas, que la mujer se encuentre en una situación análoga al hombre en cuanto a derechos, debería protegerse al débil indistintamente de si es hombre o mujer. Me parece de suma importancia, con respecto al feminismo, que se tenga claro que lo que se busca es proteger al débil, y no a la mujer, y que en muchos casos el débil resulta ser un hombre. Porque si se tiene como norma proteger a la mujer (en cuanto a igualdad salarial, violencia, discriminación) se crean asimetrías en el otro sentido de las que nadie se ocupa: no se puede combatir la discriminación con discriminación. No me parece una idea tan retrógrada y zafia (sí lo fue la forma de expresarla).

En cuanto al quinto párrafo, me parece que has ignorado por completo mi comentario. Sigues interpretando a la mujer como sinónimo del lado débil, y en el contexto actual, ya no está tan claro. Por supuesto que hay gente que se ha criado en ambientes más tradicionales y que tiene ideas machistas en la cabeza, y eso se refleja en el cine, en la publicidad, en la sociedad en general. Pero no creo que sea el caso de las nuevas generaciones, al menos en general. En mi opinión, gran parte del progreso ocurre cuando la gente con ideas caducadas en la cabeza se va muriendo y es reemplazada por gente con ideas más acordes con el presente.

Puedes insultarme todo lo que quieras, pero la realidad es que no soy un opositor a la lucha feminista. Lo que no quiero es que se utilicen los siglos de historia machista y los ejemplos de países no desarrollados para atacar, menospreciar o desproteger jurídicamente a los hombres que no somos en ningún modo responsables de ello.

Quizá el problema sea que yo no lo veo como una disputa entre colectivos (hombres y mujeres) sino entre personas. No creo que haya que defender los derechos de la mujer, ni del hombre, sino del individuo. Me importa un pito si es hombre, mujer, o ninguna de las dos.

La Navaja de Ockham dijo...

Ahí está el problema, en que no lo ves. Quizá por eso dices lo que dices. Y por otra parte, ya que reconoces el modo de expresión de tu artículo, analiza el porqué de eso y quizá ahí encuentres parte del motivo de tu ceguera. Tu post es un verdadero insulto.

Además, todos tenemos que hacernos responsables en el futuro de lo que hemos hecho en el pasado, porque somos lo que hemos ido siendo y la historia es una mochila de la que no te puedes desprender. Hacen fata muchos años y perspectiva para que ciertos asuntos puedan considerarse "en el pasado" y que ya no nos afecten, para poder decir que nos hemos desligado de ellos. Aquí en España no es el caso; que no veamos que ocurren ciertas cosas no quiere decir que no sucedan: quiere decir que no somos capaces de verlo porque no tenemos sensibilidad suficiente; en este caso, la inteligencia es muy útil. Plantéate que la inteligencia puede ser contagiosa, a mí me lo parece; simplemente hay que estar abierto a ella.

Cuando los hombres sean nuestros defensores y aliados, en vez de sentirse amenazados o discriminados (no se puede discriminar a la clase privilegiada), estaremos hablando de planos de igualdad efectivos; mientras haya tiquis-miquis poniendo peros... algo no va bien.

La Navaja de Ockham dijo...

No hace mucho, en una conferencia de una catedrática de la UNED, escuché una reflexión preciosa y muy clarificadora:

"Existe una agenda muy dolorosa, la agenda de la violencia, que pertenece al mundo del pasado -luego no es puntera-, aunque suceda ahora, pertenece a lo que ha pasado siempre y no pertenece al mundo que queremos inaugurar. Así, resulta que contamos con muchas agendas a la vez -la violencia, la violación, la paridad, etc.-; y en cada país la agenda está abierta por una página diferente...

El Estado es el garante (¡GARANTE! De nada sirve legislar si las leyes no se cumplen): estamos pagando al Estado para que resguarde nuestra ciudadanía, para que la haga verosímil, para que nos permita ejercerla; por tanto, es deber del Estado guardar nuestro espacio de igualdad, porque tenemos derecho a ello...
"

Gabriel dijo...

Sigues pensando que me siento amenazado por la igualdad de oportunidades. Yo hablo como individuo, no como representante del colectivo de los hombres, y no me siento responsable de nada que haya ocurrido de 1989 para atrás. Cada momento histórico tiene sus principios, y juzgar lo que ocurría hace cincuenta años con los valores actuales es una gilipollez.

Mi indignación viene del hecho de que se identifique ser mujer con ser débil a la hora de proteger bienes jurídicos. No me parece razonable, y todavía no he leído (ni espero leer) ningún razonamiento que lo explique sin caer en absurdas generalizaciones.

Creo que la que está buscando tres pies al gato eres tú, y me estás metiendo en sacos que no encajan con mi forma de ver el problema, y además te voy a explicar por qué. Yo puedo sentirme discriminado por razón de sexo (e indignarme si me da la gana) por el hecho de que, comparado con una chica con el mismo físico que yo, el sistema me proteja menos que a ella. ¿Acaso está reñida esa opinión con el deseo de que exista igualdad? ¿Acaso me siento amenazado por cambio de paradigma social por opinar eso? ¿Acaso reconocer las ventajas de ser mujer supone una contradicción con la búsqueda de igualdad?

Lamento que te sintieras insultada por mi post (en el que, ahora que lo releo, defiendo la igualdad de oportunidades con todas sus consecuencias), pero viendo cómo has sacado mi opinión de contexto, no me extraña lo más mínimo.